Fundamentación del proyecto

Anexo I

     

Silo, Mario Luis Rodríguez Cobos (1938-2010), Argentino, Mendocino. Es considerado el fundador de la corriente filosófica y espiritual llamada Nuevo Humanismo Universalista. Fue autor de una importante cantidad de libros, traducidos a todos los idiomas. En estos momentos podemos decir que sus libros se encuentran en todos los continentes del mundo.
Durante los años 1991 a 1993, desarrolló una serie de cartas, denominadas “Cartas a mis amigos”. Y Publicadas en un libro en el año 1994. En  esta serie de cartas responde a interrogantes sobre la situación social, cultural y política del momento y logra hacer una esclarecedora proyección a futuro. En estos momentos, veinte años más tarde, podemos comprobar que sus proyecciones fueron acertadas.
Estas cartas proponen un sistema de ideación por las cuales el autor logra analizar la situación social y prever su dirección a futuro. Y también hace una propuesta de acción militante, de base social con proyección cultural y política para dar una salida a la situación de crisis en la que nos encontramos y en la cual nos inspiramos para desarrollar este proyecto.
En la primera carta plantea la situación de crisis que vivimos. En el capítulo titulado “El Cambio Humano”, nos dice: “El mundo está variando a gran velocidad y muchas cosas que hasta hace poco eran creídas ciegamente ya no pueden sostenerse. La aceleración está generando inestabilidad y desorientación en todas las sociedades, sean estas pobres u opulentas. En este cambio de situación, tanto las dirigencias tradicionales y sus “formadores de opinión”, como los antiguos luchadores políticos y sociales, dejan de ser referencia para la gente. Sin embargo, está naciendo una sensibilidad que se corresponde con los nuevos tiempos. Es una sensibilidad que capta al mundo como una globalidad y que advierte que las dificultades de las personas en cualquier lugar terminan implicando a otras aunque se encuentren a mucha distancia.”  Más adelante, en el mismo capítulo dice:  “Cuando alguien comprueba que el individualismo esquizofrénico ya no tiene salida y comunica abiertamente a todos sus conocidos qué es lo que piensa y qué es lo que hace sin el ridículo temor a no ser comprendido; cuando se acerca a otros; cuando se interesa por cada uno y no por una masa anónima; cuando promueve el intercambio de ideas y la realización de trabajos en conjunto; cuando claramente expone la necesidad de multiplicar esa tarea de reconexión en un tejido social destruido por otros; cuando siente que aún la persona más “insignificante” es de superior calidad humana que cualquier desalmado puesto en la cumbre de la coyuntura epocal... cuando sucede todo esto, es porque en el interior de ese alguien comienza a hablar nuevamente el Destino que ha movido a los pueblos en su mejor dirección evolutiva, ese Destino tantas veces torcido y tantas veces olvidado, pero reencontrado siempre en los recodos de la historia. No solamente se vislumbra una nueva sensibilidad, un nuevo modo de acción sino, además, una nueva actitud moral y una nueva disposición táctica frente a la vida.”
En la segunda carta se dedica a comentar sobre las consecuencias que tendría la cultura neoliberal y la postura individualista, muy en boga en esos momentos. En un capítulo que titula “El individualismo, la fragmentación social y la concentración de poder en las minorías” describe como “... el individualismo lleva necesariamente a la lucha por la supremacía del más fuerte y a la búsqueda del éxito a cualquier precio. Tal postura comenzó con unos pocos que respetaron ciertas reglas de juego entre sí frente a la obediencia de los muchos. De todas maneras esta etapa se agotará en un “todos contra todos” porque tarde o temprano se desbalanceará el poder a favor del más fuerte y el resto, apoyándose entre sí o en otras facciones, terminará por desarticular tan frágil sistema. Pero las minorías han ido cambiando con el desarrollo económico y tecnológico, perfeccionando sus métodos a tal punto que en algunos lugares en situación de abundancia las grandes mayorías desplazan su descontento hacia aspectos secundarios de la situación que les toca vivir”. Y en la misma carta, en el capítulo siguiente, “Características de la crisis”, describe de una manera bastante acertada todo lo que sucedió en los años siguientes y claramente vemos hoy las consecuencias: “En el contexto de un proceso de mundialización creciente se acelera la información y aumenta el desplazamiento de personas y bienes. La tecnología y el poder económico en aumento se concentran en empresas cada vez más importantes. El mismo fenómeno de aceleración en el intercambio, choca con las limitaciones y el enlentecimiento que imponen antiguas estructuras como el Estado nacional. El resultado es que tienden a borrarse las fronteras nacionales dentro de cada región. Esto lleva a que deba homogeneizarse la legislación de los países no sólo en materia de tasas aduaneras y documentación personal sino en aquello que hace a la adaptación de sus sistemas productivos. El régimen laboral y de seguridad social, siguen la misma dirección. Continuos acuerdos entre esos países muestran que un parlamento, un sistema judicial y un ejecutivo común, darán mayor eficacia y velocidad a la gestión de esa región. La primitiva moneda nacional va cediendo paso a un tipo de signo de intercambio regional que evita pérdidas y demoras en cada operación de conversión. La crisis del Estado nacional es un hecho observable no solamente en aquellos países que tienden a incluirse en un mercado regional, sino en otros cuyas maltrechas economías muestran un detenimiento relativo importante. En todas partes se alzan voces contra las burocracias anquilosadas y se pide la reforma de esos esquemas. En puntos en que un país se ha configurado como resultado reciente de particiones y anexiones, o como artificial federación, se avivan antiguos rencores y diferencias localistas, étnicas y religiosas. El Estado tradicional tiene que hacer frente a esa situación centrífuga en medio de crecientes dificultades económicas que cuestionan precisamente su eficacia y legitimidad. Fenómenos de ese tipo tienden a crecer en el centro de Europa, en el Este y en los Balcanes. Estas dificultades también se profundizan en Medio Oriente, Levante y Asia Anterior. En el África, en varios países delimitados artificialmente, comienzan a observarse los mismos síntomas. Acompañando a esa descomposición comienzan las migraciones de pueblos hacia las fronteras poniendo en peligro el equilibrio zonal. Bastará que ocurra un importante desequilibrio en China para que más de una región sea afectada directamente por el fenómeno, considerando además la inestabilidad actual de la antigua Unión Soviética y de los países asiáticos continentales.
Entre tanto se han configurado centros económica y tecnológicamente poderosos que asumen carácter regional: el Extremo Oriente liderado por Japón, Europa y Estados Unidos. El despegue e influencia de esas zonas muestra un aparente policentrismo, pero el desarrollo de los acontecimientos señala que Estados Unidos suma a su poder tecnológico, económico y político, su fuerza militar en condiciones de controlar las más importantes áreas de abastecimiento. En el proceso de mundialización creciente tiende a levantarse esta superpotencia como rectora del proceso actual, en acuerdo o desacuerdo con los poderes regionales. Este es el significado último del Nuevo Orden Mundial. Al parecer no ha llegado aún la época de la paz aunque se haya disipado, de momento, la amenaza de guerra mundial. Explosiones localistas, étnicas y religiosas; desbordes sociales; migraciones y conflictos bélicos en áreas restringidas, parecen amenazar la supuesta estabilidad actual. Por otra parte, las áreas postergadas se alejan cada vez más del crecimiento de las zonas tecnológica y económicamente aceleradas y este desfasaje relativo agrega al esquema dificultades adicionales. El caso de América Latina es ejemplar en este aspecto porque aún cuando la economía de varios de sus países experimente un crecimiento importante en los próximos años, la dependencia respecto a los centros de poder se hará cada vez más notoria.
Mientras crece el poder regional y mundial de las compañías multinacionales, mientras se concentra el capital financiero internacional, los sistemas políticos pierden autonomía y la legislación se adecua a los dictámenes de los nuevos poderes. Numerosas instituciones pueden hoy ser suplidas directa o indirectamente por los departamentos o las fundaciones de la Compañía que está en condiciones en algunos puntos de asistir al nacimiento, capacitación, ubicación laboral, matrimonio, esparcimiento, información, seguridad social, jubilación y muerte de sus empleados y sus hijos. El ciudadano ya puede, en ciertos lugares, sortear aquellos viejos trámites burocráticos tendiendo a manejarse con una tarjeta de crédito y, poco a poco, con una moneda electrónica en la que constarán no solamente sus gastos y depósitos sino todo tipo de antecedentes significativos y situación actual debidamente computada. Desde luego que todo esto ya libera a unos pocos de enlentecimientos y preocupaciones secundarias pero estas ventajas personales servirán también a un sistema de control embozado. Al lado del crecimiento tecnológico y la aceleración del ritmo de vida la participación política disminuye, el poder de decisión se hace remoto y cada vez más intermediado. La familia se reduce y estalla en parejas cada vez más móviles y cambiantes, la comunicación interpersonal se bloquea, la amistad desaparece y la competencia envenena todas las relaciones humanas al punto que desconfiando todos de todos, la sensación de inseguridad ya no se basa en el hecho objetivo del aumento de la criminalidad sino sobre todo en un estado de ánimo. Debe agregarse que la solidaridad social, grupal e interpersonal desaparece velozmente, que la drogadicción y el alcoholismo hacen estragos, que el suicidio y la enfermedad mental tienden a incrementarse peligrosamente. Desde luego que en todas partes existe una mayoría saludable y razonable pero los síntomas de tanto desencaje no nos permiten ya hablar de una sociedad sana. El paisaje de formación de las nuevas generaciones cuenta con todos los elementos de crisis que hemos citado al pasar y no forma parte de su vida solamente su capacitación técnica y laboral, las telenovelas, las recomendaciones de los opinadores de los medios masivos, las declamaciones sobre la perfección del mundo en que vivimos o, para la juventud más favorecida, el esparcimiento de la motocicleta, los viajes, la ropa, el deporte, la música y los artefactos electrónicos. Este problema del paisaje de formación en las nuevas generaciones amenaza con abrir enormes brechas entre grupos de distintas edades poniendo sobre el tapete una dialéctica generacional virulenta de gran profundidad y de enorme extensión geográfica. Está claro que se ha instalado en la cúspide de la escala de valores el mito del dinero y a él, crecientemente, se subordina todo. Un contingente importante de la sociedad no quiere oír nada de aquello que le recuerde el envejecimiento y la muerte, descalificando todo tema que se relacione con el sentido y significado de la vida. Y en esto debemos reconocer una cierta razonabilidad por cuanto la reflexión sobre esos puntos no coincide con la escala de valores establecida en el sistema. Son demasiado graves los síntomas de la crisis como para no verlos y, sin embargo, unos dirán que es el precio que hay que pagar para existir a fines del siglo XX. Otros afirmarán que estamos entrando en el mejor de los mundos. El trasfondo que opera en esas afirmaciones está puesto por el momento histórico en el que el esquema global de situación no ha hecho crisis aunque las crisis particulares cundan por doquier, pero a medida que los síntomas de la descomposición se aceleren cambiará parejamente la apreciación de los acontecimientos porque se sentirá la necesidad de establecer nuevas prioridades y nuevos proyectos de vida.”
Ya en la tercera carta se explaya sobre las actitudes que, a su opinión, se deberían tener frente a esta situación de crisis y lo sintetiza muy bien al final de esta carta, “Sinteticemos lo dicho:
1. Hay un cambio veloz en el mundo, motorizado por la revolución tecnológica, que está chocando con las estructuras establecidas y con la formación y los hábitos de vida de las sociedades y los individuos.
2. Este desfasaje genera crisis progresivas en todos los campos y no hay por qué suponer que va a detenerse sino, inversamente, tenderá a incrementarse.
3. Lo inesperado de los acontecimientos impide prever qué dirección tomarán los hechos, las personas que nos rodean y, en definitiva, nuestra propia vida.
4. Muchas de las cosas que pensábamos y creíamos ya no nos sirven. Tampoco están a la vista soluciones que provengan de una sociedad, unas instituciones y unos individuos que padecen el mismo mal.
5. Si decidimos trabajar para hacer frente a estos problemas tendremos que dar dirección a nuestra vida buscando coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Como no estamos aislados esa coherencia tendrá que llegar a la relación con otros, tratándolos del modo que queremos para nosotros. Estas dos propuestas no pueden ser cumplidas rigurosamente, pero constituyen la dirección que necesitamos sobre todo si las tomamos como referencias permanentes y profundizamos en ellas.
6. Vivimos en relación inmediata con otros y es en ese medio donde hemos de actuar para dar dirección favorable a nuestra situación. Esta no es una cuestión psicológica, una cuestión que pueda arreglarse en la cabeza aislada de los individuos, este es un tema relacionado con la situación en que se vive.
7. Siendo consecuentes con las propuestas que tratamos de llevar adelante, llegaremos a la conclusión que lo positivo para nosotros y nuestro medio inmediato debe ser ampliado a toda la sociedad. Junto a otros que coinciden en la misma dirección implementaremos los medios más adecuados para que una nueva solidaridad encuentre su rumbo. Por ello, aún actuando tan específicamente en nuestro medio inmediato, no perderemos de vista una situación global que afecta a todos los seres humanos y que requiere de nuestra ayuda así como nosotros necesitamos la ayuda de los demás.
8. Los cambios inesperados nos llevan a plantear seriamente la necesidad de direccionar nuestra vida.
9. La coherencia no empieza y termina en uno sino que está relacionada con un medio, con otras personas. La solidaridad es un aspecto de la coherencia personal.
10. La proporción en las acciones consiste en establecer prioridades de vida y operar en base a ellas evitando que se desequilibren.
11. La oportunidad del accionar tiene en cuenta retroceder ante una gran fuerza y avanzar con resolución cuando esta se debilita. Esta idea es importante a los efectos de producir cambios en la dirección de la vida si estamos sometidos a la contradicción.
12. Es tan inconveniente la desadaptación en un medio sobre el que no podemos cambiar nada, como la adaptación decreciente en la que nos limitamos a aceptar las condiciones establecidas. La adaptación creciente consiste en el aumento de nuestra influencia en el medio y en dirección coherente.”
En la cuarta carta desarrolla muy claramente el bagaje de ideas desde las cuales hace todas estas apreciaciones. Esta carta la incluimos completa en un apartado que llamamos Anexo 2, para aquellos que quieran ampliar el punto de vista del siloísmo.
La quinta carta recomendamos leerla para todo aquellos que les interese, no la vamos a incluir en esta fundamentación. Pero en ella destaca la importancia de resaltar los valores humanos y orientar claramente nuestra acción desde una postura existencialista.
De la Sexta carta, denominada comúnmente “El documento del Movimiento Humanista” vamos a citar una parte del tercer capítulo donde plantea claramente la línea divisoria entre el Humanismo y el Anti-humanismo el capítulo se llama “La posición humanista”  “Los humanistas plantean el problema de fondo: saber si se quiere vivir y decidir en qué condiciones hacerlo.
Todas las formas de violencia física, económica, racial, religiosa, sexual e ideológica, merced a las cuales se ha trabado el progreso humano, repugnan a los humanistas. Toda forma de discriminación manifiesta o larvada, es un motivo de denuncia para los humanistas.
Los humanistas no son violentos, pero por sobre todo no son cobardes ni temen enfrentar a la violencia porque su acción tiene sentido. Los humanistas conectan su vida personal, con la vida social. No plantean falsas antinomias y en ello radica su coherencia.
Así está trazada la línea divisoria entre el Humanismo y el Anti-humanismo. El Humanismo pone por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital; la cuestión de la democracia real frente a la democracia formal; la cuestión de la descentralización, frente a la centralización; la cuestión de la antidiscriminación, frente a la discriminación; la cuestión de la libertad frente a la opresión; la cuestión del sentido de la vida, frente a la resignación, la complicidad y el absurdo.
Porque el Humanismo se basa en la libertad de elección, posee la única ética valedera del momento actual. Así mismo, porque cree en la intención y la libertad distingue entre el error y la mala fe, entre el equivocado y el traidor.”
Para finalizar vamos a citar una parte del último capítulo de la última carta, la décima, aquella que nos inspiró a hacer el proyecto cultural que llamamos Centro de la Cultura Humanista. El capítulo se llama “La acción puntual”: “... Hablando en términos espaciales, la unidad mínima de acción es el vecindario en el que se percibe todo conflicto aunque sus raíces estén muy distantes. Un centro de comunicación directa es un punto vecinal en el que ha de discutirse todo problema económico y social, todo problema de salud, de educación y de calidad de vida. La preocupación política consiste en priorizar ese vecindario antes que el municipio, o el condado, o la provincia, o la autonomía, o el país. En verdad, mucho antes de que se formaran los países existían las personas congregadas como grupos humanos que al radicarse se convirtieron en vecinos. Luego, y a medida que se fueron montando superestructuras administrativas, se les fue arrebatando su autonomía y su poder. De esos habitantes, de esos vecinos, deriva la legitimidad de un orden dado y desde allí debe levantarse la representatividad de una democracia real. El municipio debe estar en manos de las unidades vecinales y, si esto es así, no puede plantearse como objetivo emplazar diputados y representantes de distintos niveles, como ocurre en la política cupular, sino que ese emplazamiento debe ser consecuencia del trabajo de la base social organizada. El concepto de “unidad vecinal” vale tanto para una población extensa como para una población concentrada en barrios o edificaciones de altura. La conexión entre unidades vecinales debe decidir la situación de una comuna dada y esa comuna no puede, inversamente, depender en sus decisiones de una superestructura que dicta órdenes. En el momento en que las unidades vecinales pongan en marcha un plan humanista de acción municipal y ese municipio o comuna organice su democracia real, el “efecto demostración” se hará sentir mucho más allá de los límites de ese bastión. No se trata de plantear un gradualismo que deba ir ganando terreno hasta llegar a todos los rincones de un país, sino de mostrar en la práctica que en un punto está funcionando un nuevo sistema.”
Con esta fundamentación intentamos transmitir, haciendo un escueto resumen de Cartas a mis amigos, por qué hacemos lo que hacemos. Por qué nos parece importante llevar adelante este proyecto, que nos hace crecer y vivir de manera satisfactoria.

Por supuesto que recomendamos leer todos los libros de Silo, pero en particular, para entender todo este sistema de ideas, recomendamos leer Apuntes de Psicología y Humanizar la Tierra.

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